domingo, 10 de febrero de 2019

La inspectora

Los momentos previos al baño, esos en los que hay que recoger el cuarto y preparar el pijama y ropa interior, son casi siempre frustrantes. Las niñas van muy lentas, se distraen jugando o les sobreviene una sordera momentánea que les impide escucharme. Sin embargo, una tarde fue diferente, fue incluso divertido, tanto para ellas como para mí.

Llevaban un buen rato jugando a las maestras, es uno de los juegos conjuntos en los que raramente se pelean. Una era la directora y otra la subdirectora y se afanaban en tareas de burocracia (las dos sentadas en la mesa de Peppa Pig rellenando fotocopias desechadas del papi), organizaban la jornada y castigaban implacablemente a los alumnos díscolos. Mientras doblaba parte de  mi montaña de ropa (los Fragguels Rocks tenían la montaña de basura y yo tengo la montaña de la ropa por doblar), las escuchaba:

- Seño Santi, necesito que te vayas a quinto que ha faltado la maestra.
- Vale, me puedo ir, hoy no tengo mucho trabajo, ¿dónde es?
- Es ahí, a la izquierda.

- Alberto y Adrián se han portado fatal.
- ¡Al despacho de la directora!
       (...)
- Tedrán que leer diez libros y estudiar cinco, ese es el castigo.
- ¡Qué buena eres, eres la mejor poniendo castigos!
- Es que llevo ya muchos años en este colegio y sé cómo castigar a los niños que se portan mal.

En fin, que para no cortarles el rollo y que además recogieran felizmente, me metí en el papel de una inspectora de educación. Muy seria y con voz impostada, las llamé y comencé mi visita al centro educativo imaginario. Me paseé por cada una de las estancias de la escuela, siendo inquisitiva e implacable con el desorden. Ellas obedecían con rapidez y muertas de risa. Incluso hice una revisión de la higiene personal, poco ortodoxa, oliendo sus axilas, para señalar que necesitaban una ducha urgente.

Finalmente, el informe sobre su gestión del colegio fue positiva, únicamente quedó expedientado por desorden manifiesto de su despacho el jefe de estudios (papá piofaurio). 

Ellas me pidieron que las visitara al siguiente día. Creo que en la realidad las directoras de centros educativos de verdad no están tan ansiosas por que las visite la inspección. A ellas a veces cuesta muy poco hacerlas felices y convertir un rato que suele ser un poquito infernal en un rato divertido.  Qué pena que normalmente no está una tan inspirada. 


sábado, 5 de enero de 2019

Noches mágicas

V. ha repetido mil veces "no puedo", expresando su dificultad para quedarse dormida. En una noche como esta, tan mágica, las ilusiones dejan paso a veces a los miedos como la posibilidad de que Melchor estuviera enfermo y no pudiese dedicarse a entregar los regalos. L., sin embargo, se ha dormido enseguida, después de dejar todo preparado para recibir a los Reyes como se merecen.







Como mamá que ejerce de paje real, sé que todo irá sobre ruedas, que los Reyes dejarán sus regalitos, que esta noche es y será mágica siempre que queramos. V. ha creído ver sus sombras tras el balcón, están cerca sin duda.

Quería relataros como fue la visita del otro personaje entrañable que dedica su vida a regalar, sobre todo a los más pequeños. Papá Noel. En nuestro país nos visita desde hace poco tiempo (de pequeña a mí me traía un detallito en Nochebuena el mismísimo niño Jesús), pero va ganando terreno con esto de la globalización y se ve que no le importa el trabajo duro ni pasar la noche cruzando fronteras volando en trineo, tiene la ventaja de estar aprendiendo un montón de idiomas nuevos. Papá Noel es todo un experto en la entrega de regalos, además, cuenta con toda una corte de elfos igualmente experimentados  en el arte de entrar sigilosamente en las casa y depositar regalos junto a árboles de Navidad o donde sea posible. En España debe dejar los regalos mientras nos desgañitamos cantando villancicos o nos atiborramos de turrón, así que entiendo que debe esmerarse más en su planificación de entrega de presentes. 

Resulta que mis niñas parecían haber olvidado que el 24 por la noche a lo mejor nos visitaría Papá Noel, por lo que, cuando el día 23 se lo comenté a V. se le iban a salir los ojos de la órbita y empezó a besarme y abrazarme de alegría. Comentamos que seguramente Papá Noel pasaría por Orce y se sentiría cómodo, porque hace casi tanto frío que en Laponia algunas veces. Resulta que la noche del 24, cuando ya casi estábamos en los postres y justo la madrina de L. había reunido a los niños para hacer un nuevo intento de cantar villancicos, tocaron al timbre de la casa. Todos nos sobresaltamos, ¿sería él? V. y el pequeño primo H. salieron disparados hacia la puerta principal y detrás salimos la madrina, L. y yo. La madrina de L. abrió la puerta y ¡no había nadie! Sugirió entonces que bajáramos las escaleras hacia el piso inferior, por si en realidad el timbre que había sonado había sido el de abajo. Bajamos las escaleras, V. atropelladamente, tuve miedo de que se cayera y L. nerviosísima, agarrada a mí, muy emocionada. ¡Qué ilusión! Papá Noel había dejado allí los regalos, L. piensa que el muy pillo tocó el timbre de arriba, pero luego puso los regalos abajo, todo para despistar y dar más emoción a la cosa. Lo consiguió, creo que nunca lo olvidaremos.

Termino de escribir y me voy a la cama, que deben estar al caer...


martes, 14 de agosto de 2018

El cielo II

Hace unos años, escribía esta entrada que mostraba los temores de Lucía al pensar en la muerte. Tenemos en la familia a Norita afrontando esos primeros pensamientos metafísicos con la misma actitud. El otro día estaba sentada en la trona, frente al plato de comida, llorando porque no quería hacerse vieja e irse al cielo. No la culpo, yo estoy a punto de cumplir cuarenta años y me siento a veces igual, por lo que a veces temo no poder ayudar a mis niñas con esto. 

Victoria también está últimamente pensando en el tema. Seguramente a ella también le preocupa, pero por ahora lo afronta de otra manera. Hace unos meses íbamos las tres en el coche y de pronto me soltó; "mamá, tú te vas a hacer vieja, vieja y te vas a morir", pero con un tono bastante despreocupado. Su hermana se pone enferma cuando dice esas cosas y le suplica que no lo haga: "Victoriaaaa". Como a mí, a la babu, al papu, a su papá, a la abuela Lola, a todos nos va enterrando y nos lo notifica antes. Y no entiende que Nora se preocupe, porque el papu le dijo que cuando vayan al cielo ya estará toda la familia allí esperándolas y ella ya está tan conforme. Además, tiene pensado que tanto ella como yo vivamos cien años, y creo que todos a los que quiere. 

Hace precisamente unos meses murió la abuelita Ginesa, su bisabuela, la abuela de papá piofaurio. Mis niñas han tenido bastante contacto con ella cada vez que hemos visitado el pueblo. Por cierto, ya el pueblo no es lo mismo sin ella, se nota mucho su ausencia. Por eso, Victoria saca bastante el tema y se nota que reflexiona y en cualquier momento nos comenta sus dudas o directamente emite una sentencia. Hace poco preguntó en una cena que por qué la abuelita Ginesa necesitaba pañales. 

Lo que más me enterneció fue un día en que su hermana buscaba en Google maps (Lucía a veces busca, por ejemplo, París y la Torre Eiffel) y ella la secundó y movía su dedito arriba y abajo. Le pregunté qué buscaba y me contestó que Irlanda (of course, antes de ir, que allí está su madrina, ya debe haber saciado más su curiosidad después del viaje) y también al lugar donde estaba la mama Yeya ( así es como papá piofaurio llama a la abuela Ginesa) que, según ella, debía estar cerca del cielo. 

lunes, 26 de febrero de 2018

¿Tú tienes cuerpo humano?

Victoria lleva un tiempo preocupada e interesada por el cuerpo humano. Todo empezó en clase. La seño Mariángeles les habló sobre la respiración y sobre lo dañino de fumar, incluso colorearon unos pulmones. Desde entonces ha perseguido a su padre cada vez que lo ha visto fumar y le ha insistido con gravedad en que sus pulmones se pondrían negros y que se iba a morir. "¿Es que te da igual que se te pongan los pulmones negros?", le preguntó una vez con cara de no dar crédito. En esas mismas clases vieron algunos capítulos de Érase una vez el cuerpo humano y ella concluyó que los virus azules están en el cuerpo humano y los amarillos en los dientes (¿o es al revés?) y los amarillos cogen fuerza si tomas sal (en realidad, azúcar). 

Su interés por los virus este curso, en realidad, empezó un poco antes, justo la noche en que le descubrí la primera pupita de la varicela y le comenté que era un virus. Ella lloró desconsoladamente. Luego, durante la convalecencia, lo bautizó como "varicela virus" y estuvo muy atenta a las "cicatristes" que le quedaron.

Más adelante decidió llevar a cabo un trabajo de campo. Estuvo un tiempo preguntándonos: "¿tú tienes cuerpo humano?" , sin duda  sorprendida de que todos tengamos dentro todo el universo de la serie de dibujitos. Una noche por profundizar se dirigió a mí seriamente: "mamá, ¿tú tienes huesos?". Cada vez que come algo se cuestiona si es bueno para el cuerpo humano y se lamenta de que los batidos de chocolate no lo sean demasiado.

Su investigación ha continuado en la biblioteca municipal. Últimamente le gusta repasar conmigo los diferentes libros infantiles sobre el tema y se lleva siempre alguno para casa. Así que por la noche se suceden sus reflexiones sobre anatomía. Una noche se interesó por el corazón, logró escuchar los latidos del mío, pero no lograba escuchar sus propios latidos, así que se preocupó y me preguntó alarmada "¿es que he fumado?". Y yo casi muero de risa. Menos mal que el otro día vino contenta a decirme que se los notaba.

Aplaudo mucho al cole cuando trabaja por proyectos, sin duda llenan a mis niñas de curiosidad y no paran de cuestionarse e incluso de investigar a su manera. Ahora están trabajando el agua a nivel de centro y me explican lo que es un glaciar o discuten antes de ir al cole si la evaporación del agua se produce desde un cubo o en general. Unas pequeñas científicas. 


jueves, 7 de diciembre de 2017

La seño dice...

Es curioso cómo lo mismo que me cabrea mucho de ellas, me resulta adorable cuando pasa la tormenta, cuando pasa mi tormenta. Mañana nos vamos al pueblo de papá piofaurio y esta tarde han estado haciendo el equipaje. Lo que significa que han llenado de juguetes, libros, etc., todas las mochilas y bolsas que han encontrado. Ahora lo pienso y me parece gracioso, pero cuando apenas se podía transitar por el pasillo esta tarde no, claro, y hemos tenido que limitarles el número de maletas. 

Después de un trimestre muy movido y atareado, solo pido que al menos en el final la salud nos respete. Hemos tenido de todo este primer tramo del curso: dedo gordo morado con uña perdida, placas en la garganta (dos veces), piojos, estreñimiento y (tachánnn) varicela. Quiero una feliz Navidad, pero sobre todo una sana Navidad, que estemos perfectos de pies a cabeza. 

Victoria aún tiene algunas pupitas y tenemos que callarla porque va proclamando por ahí que tiene el "varicela virus". Le ha cogido cariño al virus a fuerza de convivir con él, porque el día que sospeché que lo había cogido lloraba amargamente. Hoy ha vuelto al cole después de más de una semana y no le ha importado el madrugón, ni el aula matinal ni nada, estaba muy feliz de volver y ha alucinado al encontrarse el cole decorado con los adornos de Navidad. 

Lucía se ha adaptado muy bien a Primaria y a sus exámenes casi desde el minuto cero. Creo que yo me adapto peor a esto de que tenga exámenes en 1º de Primaria con tanta frecuencia. Está contenta y tranquila, a pesar de las palabras apocalípticas de la jefa de estudios que los recibió en septiembre explicándoles que ya no estaban en infantil, "ya os tenéis que comportar como adultos". Estuvo sembrada la mujer. En fin, Lucía se va haciendo mayor, me sorprende a veces lo bien que se expresa y comenta cosas como que ella es más de Matemáticas que de Lengua o me informa de que en el aula matinal hay como quinientos niños. 

Pero la que me transmite a información del cole a diario (quién es el responsable cada día, por ejemplo) y, sobre todo, las enseñanzas de su queridísima seño Mariángeles es Victoria. Aquí va el top five de "La seño dice". 
1. La seño dice que hay que agarrarse a la barandilla al bajar las escaleras. Así que todos, TODOS, tenemos que agarrarnos. 
2. La seño dice que por la tarde nada de tablets ni ordenador ni televisión, que hay que jugar y salir a la calle. Como yo le dije que la seño tenía razón, repitió la consigna como quinientas veces dirigiéndose a mí: "¿a qué la seño tiene razón?" A continuación va al cuarto donde está trabajando papá piofaurio con el ordenador y le repite de nuevo el consejo de la seño.
3. La seño dice que cuando fumas se te ponen los pulmones negros. Entonces le pregunta a su padre asombrada cuando lo ve fumar: "¿es que quieres que se te pongan los pulmones negros?"
4. La seño dice que hay que taparse la boca cuando te tiras un borrico (cuando eructas). Porque una compañera suya lo hizo en clase. Ya lo sabéis.
Y el número 5., mi preferido, porque lo practico hasta yo, que falta me hace muy a menudo. A la seño le duelen los oídos a la pobre cuando hacen mucho ruido así que les ha enseñado a tranquilizarse, oliendo la flor (tomando aire despacio) y soplando la vela (soltando el aire depacio). Es genial. Y funciona. 

Ahora a afrontar a recta final oliendo la flor y soplando la vela. 

Muchos besos. 


sábado, 9 de septiembre de 2017

Un caracol escaleras arriba preguntando por ti

La banda sonora de nuestro verano ha sido sin duda el recopilatorio denominado "El disco de las primas", una selección musical realizada por la primita Inma, Lucía y la colaboración especial de Victoria. Ahora al final de verano han lanzado la segunda edición: "Los temazos de las primas", que incluye algunos temas del anterior con nuevas incorporaciones. Hemos escuchado el disco en el coche hasta la saciedad, sobre todo en nuestro viaje al Valle del Baztán (Navarra). 


Erratzu, el pueblo donde nos hospedamos en el Valle del Baztán

Recorrimos España de sur a norte y del norte a sur escuchando a Shakira (mucha Shakira), a Luis Fonsi, a Bisbal, a Ricky Martin y también a Queen, El mago de Oz... Sí, en el disco de las primas predominan canciones de moda, canciones para bailar y reguetonianas, pero también se han colado algunos clásicos de nuestras niñas como son We will rock you y We are the champions o La fiesta pagana, a la que ellas llaman "Ponte en pie". Esta última les gusta por la música, porque les parece una canción pirata, no por la letra, supongo, y espero que no se aprendan la letra y la canten en nuestro pueblo que es muy cofrade. La exposición excesiva a este disco provoca un efecto curioso: aborrecer estas tres últimas canciones que siempre me han gustado y , por otra parte, que otras canciones que no tolerabas mucho te vayan gustando, como, por ejemplo, Fiebre de David Bisbal. Oye que no está mal. Cuando podíamos, papá piofaurio y yo volvíamos a nuestra música y llegamos a echar de menos a los Cantajuegos. 

Esta banda sonora ha musicado un verano muy familiar, tranquilo, provechoso y también divertido. Hemos disfrutado mucho de las niñas y ellas de nosotros. Lo malo es que se va marchando y me parece que regresan mis momentos de mal genio e inseguridad, los desafíos de Lucía y el genio de Victoria. Bueno, el genio de Victoria nunca nos ha abandonado, aunque he de decir que durante las vacaciones ha estado mucho más tranquila, ha llorado y gritado menos. Rezo porque sea consecuencia de que está evolucionando y no va a haber regresión, que no haya sido solo fruto del relax vacacional.

En mi infancia era mi padre el que ponía la música y cantaba. Canta muy bien, de joven fue vocalista de un grupo de su barrio, Los Ondas. A veces me cantaba a mí y me moría de vergüenza, la de Qué cara más bonita tiene esta niña o la de José Luis Perales de Carta María de la que siempre me llamó mucho la atención lo de "un caracol escaleras arriba preguntando por ti"... Una vez una cucaracha subió las escaleras de mi casa para perseguirme (lo juro, dando saltos), pero si hubiese sido un caracol el que me buscaba, qué ilusión me habría hecho. 


 Había otras canciones y otros cantautores que me extrañaban, como la canción del poema de Neruda de Tu risa que versionaron Olga Manzano y Manuel Picón No sabía que era un poema de Neruda y de muy pequeña no sabía ni quien era Neruda, claro, pero esa canción me inquietaba. Porque hablaba con esas voces tan profundas y líricas de sangre, risa, espadas...La otra voz que me inquietaba era la de Leonardo Flavio. Algunas canciones eran un poquito alegres, pero la mayoría eran melancólicas, como Ella ya me olvidó o esta del pajarito, qué pena. Estas eran, y son, algunas de las canciones de mi padre, que escuchaba también mucho flamenco y ópera, cantando de ambos palos; por ejemplo, recuerdo el  Amapooolaaaa, lindísima amapoooolaaa

En fin, verano y música, se acaba lo bueno. La música siempre está. Y yo que he descubierto ahora Spotify (sí, voy a mi ritmo, tampoco he visto nada de Juego de tronos) estoy encantada escuchando mucha música y descubriendo. Algo muy bueno que tengo al hacerme mayor (además de que me hago tatuajes y piercings a la vejez) es que mi curiosidad y mis ganas de aprender crecen y crecen.

viernes, 14 de julio de 2017

La fiesta del sol

Tengo guardado en mi Facebook un vídeo de la psicóloga Miríam Tirado en el que, con mucho sentido del humor, nos invita a entender que los niños no son adultos en pequeñitos y, en consecuencia, su forma de percibir el mundo es totalmente distinta a la nuestra y por ello deberíamos ser muy pacientes. Tengo guardado el vídeo porque ilustra a la perfección muchos comportamientos de Victoria y pensé que lo debería ver todos los días al despertarme, como terapia y para prepararme para el resto de la jornada. Un ejemplo es cuando Victoria protesta (a veces desmesuradamente si está cansada) porque conduzco yo  y entonces no estoy al lado de ella, es decir, no estoy en el asiento del copiloto delante de ella. Así que cuando vamos a subirnos al coche los cuatro, no quiere que yo conduzca, sino papá; y no porque no se fíe de mí (aunque algún que otro golpecillo en algún que otro parquin ha vivido) sino porque quiere que yo esté más cerca. Es absurdo desde nuestro punto de vista, pero se ve que para ella tiene toda la lógica del mundo.

A veces ocurre al revés, situaciones espantosas para los mayores, se convierten desde el punto de vista del niño en algo increíble.
Lucía me contó el otro día que había invitado a tita Esther a nuestra fiesta del sol. ¿Fiesta del sol? Lucía tiene en su imaginación, y en su corazón, grabado un momento en el que las dos estábamos tumbadas en el sofá mientras amanecía y veíamos la tele. Ella rememora cómo estuvimos toda la noche sin dormir y vimos amanecer. Y por lo visto lo hacemos todos los años y se llama "la fiesta del sol". La realidad de la fiesta del sol es que hace dos cursos, en abril, una mañana no pude ir al instituto porque no paraba de vomitar por un virus que precisamente me había pegado ella. Esa noche las dos habíamos vomitado, así que me la llevé conmigo al sofá mientras dejaba a Victoria en la cuna. Para ver si nos dormíamos, puse la tele bajito. Dejé para cuando me encontrara mejor poner las lavadoras de las sábanas, etc. Pues bien, esa es nuestra fiesta del sol. Menos mal que no, que no se ha vuelto a repetir, aunque ella esté muy segura de que sí. 
Da que pensar lo que valoran nuestros niños, en mi caso mis niñas, el tiempo que pasan con nosotros. Aunque sea vomitando. Tita Esther me pidió que no le cuente jamás lo que de verdad es la fiesta del sol y no lo haré (bueno, quizá cuando sea adulta sí, seguro que se ríe un montón).

Ahora precisamente estamos de vacaciones y tenemos tiempo. Tiempo para compartir con ellas y tiempo para mí, para frenar el ritmo, ocuparme de asuntos que durante el curso voy posponiendo y disfrutar. También para descansar del modo profe. Aunque me voy guardando páginas web interesantes y vídeos para futuras clases o sesiones de tutoría, pero sin la presión de que sea para el día o la semana siguiente.

Las niñas tienen sus deberes tradicionales de verano (que no está haciendo mucho, ejem, ejem).Bueno, Victoria sí los hace, pero como le da la gana, coloreando básicamente, lo de repasar las letras y números lo pospone. No les insisto mucho, no sé si hago mal o bien, creo que porque a mí no me gustaban nada los típicos Vacaciones Santillana y demás, así que las entiendo. Procuro que Lucía lea, escriba, y en eso no me tengo que esforzar mucho, porque lo va haciendo ya de manera natural e intento que Victoria escriba de vez en cuando su nombre, que es muy difícil y ella tiende a poner la t delante de la c. 

 La segunda lista de deberes de Lucía mola más e incluye ver amanecer al menos una vez. ¡A ver si lo conseguimos y esta vez sin virus ni vómitos!


viernes, 26 de mayo de 2017

La mano

Este fragmento de El guardián invisible de Dolores Redondo me emocionó muchísimo.

"La mano. Ese era el vínculo. A pesar de que llevaba años intentando quedar embarazada, no sentía esa especial atracción hacia los bebés pequeños que había visto en amigas o en sus propias hermanas, no se le iban los ojos tras los bebés que las madres sostenían entre sus brazos. Pero era consciente del privilegio del que se la privaba cuando veía a una madre que caminaba junto a su hijo llevándole de la mano. La protección y la confianza que encerraba este gesto íntimo era para ella superior a cualquier otro que pudiera darse entre dos seres humanos y simbolizaba en cada pareja de pequeñas manos acunadas por otras más fuertes todo el amor, la entrega y la confianza que para ella suponía la maternidad que no llegaba (...)"

Me identifiqué con sus palabras sobre el privilegio de llevar a tu hijo de la mano. Quizá es donde se concentra para mí lo más grande y valioso de mi maternidad, en ese momento soy muy consciente de que soy madre. A veces no se quién lleva de la mano a quién, si yo a ella o ellas  a mí. Privilegio, ternura, confianza, amor... La diferencia es que yo no lo observaba antes de ser madre, me di cuenta, como me pasa con casi todo, al vivirlo. Cuando las llevo de la mano, la mayoría de las veces me siento inmensamente feliz. O cuando veo a papá piofaurio llevarlas y puedo observar  esa simbiosis entre grandes y pequeñitas manos. He inmortalizado el momento con más de una foto. 

"La protección". Las noticias del mundo me abruman y asustan mucho más desde que soy madre. Porque no es solo mi mundo, es su mundo. Una se esfuerza por poner su minúsculo granito de arena, pensando en que colabora un poco en hacerlo algo mejor. Conocer el sufrimiento de otros niños se hunde profundo en mis tripas, a veces no puedo respirar bien. Esas madres y esos padres no necesitan una mano fuerte, no basta una mano que ayuda a cruzar una calle, porque a veces es una mano que ayuda a huir y cruzar todo un mar, o unas manos que se sueltan y se pierden cuando ocurre un atentado, o una mano que sujeta una mano escuálida por el hambre o una mano que agarra mientras se produce un bombardeo. No necesitan una mano, necesitan mil, necesitan ser una gran mano. 

Y supongo que, como siempre, se hace necesario fijarse en lo pequeño, en lo que tenemos delante.  En la mano de mis niñas mientras veíamos el desfile de cabezudos de nuestro pueblo y yo tenía el privilegio de observar sus caritas de alegría, sorpresa e ilusión. Por eso, últimamente pienso que son ellas las que me agarran de la mano a mí y me sostienen. 



sábado, 6 de mayo de 2017

Ser mamá para mí en estos momentos es...

Negociar con una niña de tres años la ropa que se va a poner, porque siempre quiere vestido o falda. Entonces hay que compensar, unos días sí, otros no, o convencer con vestidos de hadas puestos sobre pantalones.

Escuchar después de cenar chistes sobre murciélagos que se hacen pipí encima de la gente.

Cantar en el coche por turnos canciones infantiles para que no se duerman.

Recibir muchos regalos (dibujos) cada día y no saber muy bien dónde guardarlos.

Alegrarme infinito por ver leer y escribir a la niña de seis años que al comienzo de curso no quería saber nada de leer y escribir.

Ir a cumpleaños infantiles (sin muchas ganas) y comer chuches sin remedio.

Aguantar rabietas, a veces con más paciencia, otra con mucha menos.

Leer libros maravillosos sobre educación y maternidad y tener la sensación de no recordar nada, solo que daban ideas maravillosas (menos mal que los subrayo).

Dar turnos de palabras también en casa, en el instituto es lo habitual, porque Victoria siempre se queja de que no la dejamos hablar.

Engancharme con los libros de Tea Stilton.

Descubrir que tu hija mayor sí se parece un poco a ti: escribe cartas para expresar sus emociones, se fabrica su propio diarios,  hace listas...

Jugar a poner caras de enfadada, monstruo, sorpresa, feliz, dormida... 

Dejar que me toquen "la barriga gorda" como método de relajación.

Y mil cosas más...Como, por ejemplo, acabar los días muy cansada.
Buenas noches y feliz día de la madre mañana. 






lunes, 27 de febrero de 2017

Nora

La pequeña Nora es una  morena bella de ojos oscuros y expresivos. Esos ojos de mirada fija e imponente o de ternura absoluta. Así es ella, pequeña y fuerte, tierna y con las ideas de bebé muy claras. Si es no, es no. Si quiere algo, te derrite con un ¡"tita Chiqui, ayuraaa!" o "tita Chiqui, dame un poquito de pan" y yo le doy la barra entera, aunque sea antes de comer y su madre me pueda matar. 

Promete el tándem que forma con "Pictoria". A veces ríen las dos como locas, o zapatean por la casa con los tacones de plástico o se esconden detrás de la cortina de la habitación de los papus. Y la mayoría de las veces compiten por la atención de la babu, que juega y habla mucho con ellas. Nora es mega fan de la babu. Su grito de guerra es "¡¡Babu mía!!".

Al principio yo no le caía muy bien y alguna vez enfadada me dijo: "¡tita Chiqui mala, prrrrr!", ahora creo que ya me va queriendo un poquito. No obstante, he podido dormirla dos veces en brazos, porque ha sido un bebé de esos de arrebujarse, de mirarte mientras le cantabas hasta que le vencía el sueño. No como Victoria a la que casi nunca he podido cantar, me ha dado un manotazo o me ha dicho "calla" directamente. 

Con un parpadeo lento de sus ojos, Nora puede derretir corazones. Lo comprobé hace unos días cuando su mamá le contaba un cuento inventado donde ella decidió que la hermosa protagonista fuera la seño Ali de su guarde (qué amor le tienen nuestras niñas a sus maestras, qué bien). Miraba y escuchaba a su mamá tan atentamente...

Nora es delgadita pero come como una lima nueva. Le gustan la fruta, los guisos, el "mamón" (jamón), el chocolate, etc. Un día me tocó darles a las cuatro de cenar y ella seguía come que te come mientras las demás lo iban dejando, tanto que, cuando no quedaba nada en la mesa, señaló un "totón" (melocotón) que había en la encimera. 

Estas son algunas pinceladas de Nora, mi sobrina pequeña, prima de "Pictoria" y "Sosia" y hermana de Inma, una más para nuestra colección de niñas divertidas, preciosas y de fuerte personalidad. No la había presentado en el blog y se lo debía. 











sábado, 21 de enero de 2017

Sombras

Casi todo lo que muestro en el blog sobre mi maternidad es la luz. 

La sombra es cuando sientes que tu niña no es como te gustaría que fuera; cuando crees que deberían quitarte el carné de puntos de madre inmediatamente, porque te ves incapaz, inútil para llevar a cabo esta tarea tan complicada; cuando compruebas que todo lo que lees en libros que hablan de educación de los hijos, donde subrayas cosas que te parecen ciertas y maravillosas,  luego no lo llevas a cabo, se te borra de la mente en un momento de ira o de cansancio supremo; cuando tu hija es cruel contigo y tú con ella; cuando pones etiquetas a tus hijas y sabes que es negativo hacerlo; cuando crees que el vínculo que es tan importante mantener con ellas se está rompiendo; cuando piensas que no estás dando suficiente disciplina y por otro lado sientes que has sido muy dura; cuando no tienes fuerzas ni ganas para organizar un cumpleaños...

No sé si es sombra o es luz cuando te sientes tan vulnerable. 


viernes, 6 de enero de 2017

Nuestra Navidad

Vamos despidiendo la Navidad y en la familia piofaurio estamos de acuerdo en que la nuestra ha sido genial.

Hemos montado, destrozado, vuelto a montar y destrozar un belén demasiado viviente. Las bolas de nuestro árbol también han estado inquietas, incluso alguna pudo ir al cole algún día de la última semana. 







Hemos conocido mejor el pueblo de papá piofaurio, "escalando" por sus tierras, llenándonos los pies de barro  y saltando sobre el hielo de las zonas umbrías.



Hemos ayudado a encender una hoguera para cocinar unas migas en la plaza del pueblo vecino, mientras se escuchaban villancicos, jugábamos con el fuego y los mayores bebían vino de la tierra en porrón.



Hemos terminado y empezado el año en casa de los papus con la familia: nos ponemos muy guapas, la tita Leila nos peina, bailamos, subimos y bajamos la escalera mil veces, jugamos con las primitas y el primo Leo y terminamos durmiendo con la primita Inma en el sofá cama del salón de los papus ya casi al amanecer.

Hemos vivido unos días en una casa muy grande con chimenea con una familia muy maja de ibicencos. Hemos recorrido los laberintos de Medina Azahara, hemos subido mil escaleras por los torreones del castillo de Almodóvar del Río imaginando que éramos princesas que luchaban contra dragones y los papás hemos alucinado volviendo a visitar la mezquita de Córdoba.



Hemos gritado a Baltasar en la cabalgata para que nos tirara caramelos y antes de dormir nos hemos hecho preguntas como si los reyes tienen alitas como los angelitos o cómo es posible que se enteren de todo. Luego, por la mañana la ilusión con mayúsculas y ya la locura total en casa de los papus. 




Ha sido una muy feliz Navidad. Y ahora a por el resto del año.



martes, 22 de noviembre de 2016

Paraguas

Ayer al recoger a las niñas del comedor nos cayó encima una auténtica tromba de agua. Cuando me aproximaba al cole llovía fuerte, pero no vi necesario ir a por el coche. Qué error, a continuación diluvió. Mientras caminábamos a duras penas, chapoteando (mis pies dentro del zapato), nos caía agua pelo abajo y se mojaban nuestros pantalones, yo solo pensaba "qué mala madre, qué mala madre" al ver en esas circunstancias a mis enanas. Es que creo que dábamos mucha pena. Ellas, sin embargo, no iban tan mal. Supongo que fue una pequeña aventura. Por momentos lo parecía. Victoria incluso saltaba en los charcos, en los charcos más profundos, porque todo era un gran charco. Yo, lo dicho, miraba a mí alrededor esperando miradas de reprobación (alguna madre precavida con coche creo que me miró regu), pero en la calle no había ni Dios caminando, solo nosotras tres. Al llegar a casa, quitarnos todo, secarnos, cambiarnos de ropa (qué gusto la ropa sequita y calentita), comprobar que lo que iba dentro de mochilas y bolsos no se había mojado, etc., me di cuenta de que el paraguas de Peppa Pig que llevaba Victoria estaba roto, tenía un agujerito. Otra vez en mi cabeza "mala madre, la niña con el pelito mojado...". Así que por la tarde fui a comprarle otro paraguas, uno de la patrulla canina. 
Por cierto, Primera reflexión: ¿por qué cuando en un producto (mochila, paraguas, estuche) aparece la patrulla canina normalmente están todos los chicos, perritos, sobre un fondo azul y no esta Sky, la chica? Si en algún producto está la chica, suele estar sola o casi sola y, por supuestísimo, sobre fondo rosa, como toda su vestimenta, etc. Porque claro, en la patrulla canina solo hay una perrita de seis, menos en un par de episodios en la nieve que también está Everest. Supongo que a alguien le iba a explotar la cabeza pensando en una perrita que no fuera vestida de rosa o en tonos pasteles y que fuera la que manejara la excavadora o arreglara, construyera e inventara. 

 Mi sobrina Nora está para comérsela diciendo el nombre de todos los perritos de la patrulla. En los paraguas de mis niñas salen todos o casi todos, pero Sky no. 

Aquí solo las chicas.

Segunda reflexión: ahí está el paraguas de Peppa pig esperando ser tirado, porque no tiene mucho arreglo. Me da mucha pena porque recuerdo perfectamente el GRACIAS tan bonito y espontáneo que me dedicó Lucía cuando se lo compré, o no sé si se lo regalé por su santo. Pero es que todo no se puede guardar. Y eso mismo le explicaba yo a Lucía que lloró lo que no está escrito el domingo cuando reorganizábamos su cuarto por milésima vez y apartaba algunos juguetes para darlos. Ella gritaba desbocada "¡¡¡los vas a vender!!!". Se abrazaba a ellos, les hacía caso casi por primera vez y eran cosas quizá de cuando tenía un año o como mucho dos. Quizá dejó de llorar cuando se dio cuenta de que no iba a regalar ninguno de sus juguetes importantes, "históricos" que dirían mis hermanos. Dios me libre. Todavía le recordamos a mi madre que tiró nuestro belén de toda la vida. El belén que ningún otro belén podrá reemplazar jamás.

viernes, 11 de noviembre de 2016

Me lo llevo

De vez en cuando Lucía arremete con fuerza con el tema de tener una mascota. Recuerdo hace dos veranos en Cuenca cuando quiso quedarse con un renacuajo y lloraba amargamente cuando lo tuvo que devolver al río. Pues esta semana me pidió que me lanzara debajo de un coche a por un gorrión que había saltado delante de nosotras, gritando "¡¡cógelo, quiero tener una mascota!!". Siempre ha idealizado mucho el asunto, más pequeña explicaba que tendría un gato blanco que no tendría uñas y no haría caca ni pipí. Hombre, si así fuera...

No tenemos mucho espacio, ni mucho tiempo y energías y sí tenemos una Victoria que agobia un poco a los animales, les da abrazos estranguladores y los atiborra a frutos secos o lo que pille. Además al final toda la responsabilidad recaería en los papis y por ahora no nos vemos capaces de asumirlo. Pero en un futuro me encantaría adoptar un gato o un perro, eso sí. 

Igual ese futuro está próximo, si Lucía cumple su promesa (pronunciada el mismo día que lo del gorrión pero por la tarde): "La próxima vez que vea un perro o un gato en la calle, me lo llevo". Después de reflexionar un poco añadió: "Bueno, si no tiene collar". Que mi niña es impetuosa, pero muy legal.


De Jimmy sí pueden disfrutar cada vez que van a casa de los papus.


viernes, 21 de octubre de 2016

Momentos

Quizá el secreto es ese. Fijarse en los momentos inolvidables que incluso el día a día te puede dar. No hace falta a veces hacer cosas extraordinarias. Lo que pasa es que lo normal es que el agobio, el cansancio ganen la partida y solo se vea lo que no se ha hecho, lo que queda por conseguir, lo largo que es el día, nuestros fallos...

Me encantaría no olvidar cuando por la mañana caminamos hacia el cole las tres cogidas de la mano. Tengo que tirar un poco de Victoria que va muy despacito, por miedo a que se haga tarde. El fresquito de la mañana, el sentirlas tan pequeñas y tan apoyadas en mí, el que Lucía me vaya contando sus historias es tan grande...O así lo siento yo. 

Cuando dejamos a Lucía en su fila (por cierto, que ha habido días en que no ha sido fácil), Victoria está loca por subir a su clase, a la de la seño Mariángeles. Quién me lo diría a mí con los cuatro primeros días de llantos desgarrados. Sube las escaleras con dificultades aún y además va mirando para atrás buscando a su amiga Carmen. Luego le doy un beso antes de entrar y ahí va tan contenta para su sitio. Supongo que desde fuera se ve una secuencia obvia y normal, para mí es algo genial. 

Si no me diera vergüenza de lo que puedan pensar las monitoras y los otros padre y madres, haría un vídeo de cuando las recojo del comedor y vienen las dos desde el fondo del patio. A veces cogidas de la mano. Otras veces andando una delante de otra, Victoria normalmente la primera, saludándome súpercontenta agitando el bracito y sonriendo mientras trota. Se las ve tan pequeñas...  (Podría contar que luego suele haber una guerra porque quiere que la transporte en brazos "ambasos" y yo, literalmente, no puedo y vamos dando el cante por todo el camino. Pero no, que esta noche estoy tierna y positiva).

Así que me despido con mi clase de pilates de ayer: la profe, Lucía y yo. Lucía, después de intentar entretenerse con mi móvil y con sus juguetes, se animó a hacer los ejercicios y la relajación final. Se puso delante de mí para verse bien en el espejo y ahí estaba toda concentrada. Para comérsela. Ahora dice que quiere venir todos los días conmigo a esa clase. La verdad es que voy poquísimo (pero poquísimo), pero cuando puedo ir me alegro. Además la profe se despide diciéndonos que somos seres de luz, de paz, de paciencia, de amor... Y yo siempre pienso: "ojalá".

lunes, 12 de septiembre de 2016

¡Tú eres capaz de esto y más!

Dentro de unas horitas mis niñas y yo estaremos desfilando rumbo al cole. Anoche intentaba transmitirles emoción, alegría, pero no sé si me salía muy bien. Como soy profesora, cuando empieza el cole empieza lo difícil, el LÍO, sí, con mayúsculas y en el comienzo de curso yo también estoy nerviosa y asustada, casi como ellas. También  entusiasmada con los proyectos e ideas que se me vienen a la cabeza.

Anoche Lucía estaba cansada y penosa y repitió varias veces que qué rollo, que no quería ir al cole. Además sabe que no va a estar su seño querida, que este año no se puede incorporar por motivos de salud. Creo que eso le influye. Por ver a sus amigos y a sus amigas tampoco muestra mucho entusiasmo, se ve que con la primita Inma le basta, que es con la que ha pasado mucho tiempo este verano. Decía también que no quería ponerse a trabajar (ay, madre mía). A ver cómo la motivo, cómo consigo que comprenda que cuando termine este curso seguramente sabrá escribir y leer y eso es muy chulo. Utilizaré la baza de su prima, eso no falla. Me la tengo que poner de mi parte, para que me ayude con Victoria.

Victoria me da penita, es mi bebé (bueno, ya no, pero sí). Anoche, mientras se le iban cerrando los ojos, me decía que en el cole iba a pintar, que había muchos colores (rojo, azul, verde...), que había juguetes, etc. Pero también explicó que yo me quedaría con ella, je, je. Eso es lo que ha pasado en sus dos primeras clases en la academia de inglés, que, para que dejara de berrear, he entrado con ella a clase (a ver si así poco a poco me saco el B2). Es muy pequeña, igual hay que dejar lo del inglés para más adelante, ya veremos. En fin, que cuando le comenté que no, que yo la dejaría en el cole, me iría a trabajar y luego la recogería, como pasaba en la guarde, se quedó pensando y contestó: "papá se queda conmigo en el cole". 

Sé que me espera el momento salir corriendo dejando hecha a Victoria un brazo de mar con la pobre maestra atendiendo a unos cuantos más deshechos en lágrimas como ella. Y yo con el nudo en la garganta saliendo del cole y escuchando su llanto cada vez más lejos. Lo sé porque con Lucía, que era ocho meses mayor, me pasó y con mi pollito va a ser igual o peor. Por eso, espero que Lucía me eche una manita y se levante positiva (porfi, porfi), Pero bueno, es una niña pequeña también, no le puedo exigir que tenga otros sentimientos distintos a los que pueda tener. Así que me toca a mí, a la mami (el papi está hoy solucionando otros problemas de casa) ser fuerte y decidida. Y positiva, que luego, gracias a Dios, mis niñas se adaptan muy bien al ritmo del cole y a sus clases, son participativas y competentes.

Como dice en esta semana mi planificador de mr. Wonderfull:





domingo, 21 de agosto de 2016

Libro de mamá: Se me hace bola

Este curso, entre unos cuantos libros de ficción, me leí este libro sobre alimentación infantil: Se me hace bola, de Julio Basulto. Leído y subrayado, ahora toca incorporar algunas buenas ideas y consejos a nuestro día a día.



Julio Basulto da esencialmente tres claves:

1) Es más importante lo que un niño no come, que lo que come. Es decir, hay una serie de alimentos superfluos que sí pueden incidir directamente en una mala alimentación de los niños y las niñas. En casa se debe evitar tener un arsenal de estos alimentos disponibles. Que no coman "chucherías" es más decisivo que que coman tal verdura o tal fruta. Para ellos nos ofrece una enorme lista de alimentos prohibidos o que se deben limitar mucho y no usar ni siquiera como premio o recompensa. Reconozco que la lista es muy estricta, ya que se incluyen galletas (¿quién no tiene galletas en casa?), helados, cereales, etc. No soy de tener mucho chocolate, galletas, helados en casa, porque me atiborraría yo y no es plan. Pero sí es cierto que los fines de semana o las fiestas, si salimos a la calle, en cumpleaños, etc., las niñas sí que comen alimentos de este tipo. En fin,  seremos conscientes de que no deben abusar.

2) La hora de comer debe ser un momento feliz, por lo tanto no se debe obligar a los niños y a las niñas a comer algo que no quieren o la cantidad que nosotros consideramos precisa. Hay que confiar en el apetito de nuestros hijos/as. Difícil no volvernos psicópatas con que han comido poco o con que jamás van a comer verduras y frutas. Nosotros somos un poco volubles en esto, no somos estrictos, pero  a veces depende del estado de ánimo que tengamos. De todas maneras, personalmente, me enfado o regaño más por los modales en la mesa: estar mal sentadas, levantarse antes de tiempo, etc. Para que no dejen demasiada comida en el plato, el autor del libro nos recomienda servir raciones pequeñitas, más realistas con lo que se pueden comer.

3) Lo más importante y decisivo para que nuestros hijos e hijas coman sano es el ejemplo, que nosotros comamos sano, que en casa tengan acceso a frutas, verduras, productos integrales... Papá piofaurio es un gran ejemplo, yo como más fruta y verdura gracias a él (bueno, y a que me he hecho mayor) y Lucía come también bastante fruta. Victoria es otra historia, ha salido más a mí y a mi familia, pero espero que lo que dice este hombre surta efecto.

Además de eso, nos anima a evitar el sedentarismo: los niños y las niñas deben tener una hora al día de actividad física al menos. Aconseja reducir el consumo de carne y no abusar de los lácteos, dos raciones al día es suficiente. Con Victoria también tengo ahí un problema, porque, si por ella fuera, se alimentaría de colacaos, batidos, natillas y queso y sería muy feliz.
De la lactancia materna habla maravillas, así que estupendo.

Lo dicho, nos toca repasar lo subrayado y comer sano, a ver si acaba esta locura de verano donde todo se pone patas arriba: rutinas, sueño y también la alimentación (que se lo digan a mis kilitos de más). Para matarme, pero para recuperar el orden si que añoro un poco la vuelta al cole. Me arrepentiré pronto de estas palabras.








jueves, 28 de julio de 2016

La teta no funciona

En las últimas semanas, cada vez que Victoria se me acerca mimosa y me pide teta, le repito sin mucho convencimiento que "la teta no funciona". Ella me pregunta incrédula "¿No sinsiona?" y a veces insiste un rato, pero otras no.

Todo ha sido más fácil de lo que yo imaginaba. Imaginaba un berrinche tras otro, un berrinche perpetuo. Victoria está en lo más alto de los berrinches, en el top berrinches y por eso me esperaba lo peor cuando le negase su teta. Las dos únicas veces que el berrinche ha estado presidido por el grito de guerra "tetaaaa" no era ese el motivo principal del disgusto, pero una cosa llevó a la otra. El resto del tiempo, esta transición grande en nuestra relación, de con a sin, ha sido bastante tranquila y natural. Ya lo dice mi sabia madre: "Todos los bichillos se destetan".

Llevaba ya casi todo el curso cansadilla de dar el pecho, aunque tampoco me suponía un suplicio seguir, no sé si alguien me entiende. Por eso, decidí aplicar eso de "no negar, no ofrecer" (aunque confieso habérsela ofrecido alguna noche desesperada porque se durmiera) y ya en verano, de vacaciones, dejarla del todo. Ella hubiese seguido, en ningún momento ha bajado su demanda, como sí hizo Lucía, así que me tocaba a mí planificar.

Se me presentó la mejor oportunidad más propicia después de volver de una escapada con papá piofaurio. Ellas iban a estar cuatro días con los papus, que al final fueron cinco. Papá piofaurio me decía que seguro que ya no me la pedía, que no se acordaba. Yo sabía que sí que me la pediría. En el viaje de vuelta consulté con mi asesora de lactancia particular, súper Mar y ella me animó a intentarlo si yo estaba convencida. Si había algún problema para domirse, que se ocupara el papá. No ha hecho falta ni eso. Para dormirla o relajarla antes de dormir le encanta que le acaricien las piernas y los pies. Hemos ampliado la sesión de masajes y alguna noche también canté canciones de los cantajuegos, pero quitándole revoluciones, en plan nana. Aunque se ha acostumbrado a no demandar teta, a mí que me demanda todo el rato: estar conmigo, que la coja en brazos...

Los despertares sí que han sido fáciles. La mayoría de las veces duerme del tirón, pero al despertarse y pedirme teta, le decía que no, que agua y ya esta. Hasta que ha llegado el momento de que me pide agua directamente.

¿Y yo? Pues estoy muy tontona últimamente, pero no creo que sea por esto. Es raro, han sido muchos años dando el pecho, a una y a otra, pero ya digo que me apetecía dejarlo. Cuando miro el cojín de lactancia. nuestro "cojín teta" (el cual he escondido porque entonces sí que podría haber problemas) sí que me da pena, nostalgia. Se acabó una parte importantísima de mi vida. Además, como últimamente no tengo la autoestima de madre muy alta, pienso: "esto de la lactancia sí se me ha dado bien".

¡¡Buen verano!!

martes, 12 de abril de 2016

Una pera cada quince días y otras grandes alegrías

Me acabo de sorprender a mí misma alegrándome un montón porque Victoria se ha quedado dormida sola por tercera noche consecutiva. No importa que lo haya hecho a las diez y media aproximadamente, ni que justo antes estuviese cantando a pleno pulmón "un elefante se balanceaba" y otros hits. Estoy contenta. Pensaréis, "pobre infeliz, lo suyo es que se duerman solos desde mucho antes o incluso desde bebés". Me da igual. Está ocurriendo ahora. ¡¡Viva!!

Y así se suceden otras grandes alegrías que paso a relataros:

1) Las monitoras del comedor me dicen de Lucía que es "una monería". En general, en el cole la quieren mucho y se porta muy bien. Victoria también, ¿eh? Algunas veces es un poco macarrilla, pero es que está en la edad.

2) Descubres que Victoria no es la única a la que le ha afectado el cambio de hora y traspasa la barrera de las once de la noche con demasiada energía. Cuando tu compañero del trabajo te comenta que tuvo que ver "Cuéntame" meciendo a su niño en el carrito, no puedes evitar alegrarte. No de sus males, sino de que no estás sola.

3) Haces una tortilla de espinacas y a) ¡¡te sale bien, le das incluso la vuelta sin espachurrarla!! y b) a tus niñas les gusta y comen un montón. Aplausos, aplausos.

4) Cada quince días aproximadamente Victoria come algo de fruta. Esto es muy triste, en realidad, pero el momento pera, ese momento en que se digna a probarla y dice sonriendo "ta buenaaa", ese momento es muy grande. Y da igual que no la quiera tocar con sus manos, se la doy yo y casi sin respirar, para que no se rompa la magia.

Al contrario también pasa, la vida de mamá piofaurio está llena de dramas. Esta tarde misma ha sido difícil. Así que más me vale cultivar más mi sentido del humor, respirar, ommmm, y centrarme más en estas grandes alegrías.



domingo, 28 de febrero de 2016

Los abuelos nos dan diez mil vueltas

Las pequeñas piofaurios adoran a sus abuelos por encima de todas las cosas. Suele pasar, a mí me pasaba y me pasa. Y a Papá piofaurio también. Los Reyes trajeron a Lucía un libro de la maravillosa peli "Del revés". El otro día, leyendo  el capítulo de Alegría, respondió a la pregunta "y a ti, ¿qué te hace feliz?" con un rotundo: "ir a casa de los abuelos". (Por cierto, la que flipa con el libro y lo quiere leer todas las noches es Victoria y su emoción preferida es la ira cuando dice "¡¡Tú, ¿qué quieres?!!").


Papá piofaurio y yo también los adoramos, son nuestros padres, pero, últimamente, les estamos cogiendo un poco de coraje también. "¿Qué, por qué?" (Esta es otra de las frases de ira con las que se parte de risa Victoria).

1)  Papá piofaurio y el papu son los cocineros oficiales. Pues bien, Lucía me está desanimando por momentos a nuestro cocinero, porque para ella, como el papu no cocina nadie. Como mucho, alguna vez comenta que están empatados en algún plato. Pero el papu gana, sobre todo cuando le hace espaguetis a la carbonara o ensaladilla rusa.

2) Casi todas las veces en que le lavo el pelo a Lucía y luego tengo que intentar desenredarle los rizos me comenta lo mismo entre sollozos: que la babu tiene un producto mágico con el que no duelen nada nada los tirones. Yo he comprado ya varias marcas de desenredante del pelo infantil, pero se ve que no, que el de la babu no es, que ella sabe hasta donde se compra. Le tendré que hacer caso, angelito. Aunque ahora que tiene el pelo cortito, todo es más fácil. Voy comprendiendo a mi madre cuando me cortaba el pelo de chica y yo lo odiaba. Lucía está encantada, fue ella la que le dijo a la peluquera que le cortara "muchísimo".

3) La abuela Lola sabe mil cosas que nosotros, padre torpes, desconocemos. Por ejemplo, distinguir todos los frutos secos en un popurrí de frutos secos, que a veces contienen algunos muy raros ("La abuelita Lola sabe lo que es"). Y, como cose muy bien, pues puede arreglar todos los peluches que estén a punto de perder un miembro o toda la ropa que esté descosida o rota. 

4) Lucía de mayor dice que va a vivir en casa de los abuelos y, como nos descuidemos, se va antes. Con eso nos amenaza cada vez que se cabrea y nos dice que ya no somos sus padres. Ay qué ver. Y Victoria porque aún no habla muy bien, pero ya empieza a querer quedarse con "Mari" y monta el numerito cuando nos tenemos que ir de casa de los papus.

Pero bueno, no vamos a criticar al abuelo y las abuelitas, que también gracias a ellos podemos disfrutar de tardes noches previas a cumpleaños muy chulas, con cine, cena... Así que si hay que reconocer que son mejores, que nos dan diez mil vueltas, pues se reconoce.